Me llamo Cecilia
Gabriela Hernández Centeno, soy docente de nivel primaria y trabajo en una
escuela rural que lleva por nombre Profr. Rafael Rosas Rosains y está ubicada
en la comunidad de El Saucillo del Municipio de Colón, que pertenece al estado
de Querétaro. Comencé a laborar en dicho plantel en el ciclo escolar 2015-2016.
Una vez ahí me asignaron al grupo de 4° en el turno vespertino, cabe mencionar
que mi escuela es de turno matutino y organización completa pero un grupo
trabaja en la tarde porque hace falta un aula. Durante el presente ciclo
escolar me asignaron al mismo grupo de alumnos pero ahora trabajo por la mañana
y están en 5°.
Mi
clase está formada por veintidós alumnos de los cuales trece son niños y nueve
son niñas. Con edades que oscilan entre
los 10 y 12 años de edad. El 80% de las
capacidades de mis alumnos se inclinan hacia el aprendizaje kinestésico y el
20% combina el auditivo y el visual, según los resultados que arrojó el Test de
VAK[1]
aplicado al inicio del presente ciclo escolar.
Tengo
en total seis alumnos que presentan necesidades físicas o educativas
específicas de ellos resalta el caso de una alumna, Pamela, que desde mi
llegada a la escuela llamó mucho mi atención pues presentaba un severo caso de
dislexia evolutiva, para fines prácticos entenderemos como dislexia evolutiva
al “trastorno de la lectoescritura que presentan algunos niños, no
necesariamente desde pequeños, manifestando dificultades y síntomas muy
parecidos a los disléxicos permanentes como inversiones en la escritura y/o
lectura, adiciones, omisiones, escritura en espejo, vacilaciones, repeticiones,
etc., pero éstas luego de una intervención adecuada pueden disminuir o
desaparecer”[2].
Pamela
tenía 9 años cuando comencé a ser su maestra, es la menor de 8 hermanos junto
con su gemela; cuando la conocí era una alumna bastante tímida y reservada,
poco participativa, cuando platicaba con ella se ponía muy nerviosa y no quería
realizar las actividades si su gemela no la acompañaba o se sentaba cerca de
ella, incluso de las dos era quien registraba las notas más bajas y por ende un
promedio académico de regular a malo.
Fue en octubre de 2015 cuando noté que Pamela mostraba
una severa dificultad para escribir de modo que tuve un acercamiento con el
profesor que le había dado clase el ciclo anterior para conversar sobre el
tema, el docente me comentó que efectivamente tenía un trastorno que se podría
calificar como dislexia pero no me mostró qué ejercicios o actividades
diferenciadas trabajó con ella. Por otro lado también comenté mi inquietud con
la familia de la niña, de ahí obtuve que desde el preescolar la escritura de
Pamela era muy poco legible y que conforme avanzaba su escolaridad iba
empeorando, además pude notar que la comparaban mucho con su gemela y que
efectivamente ella dependía más de su gemela que al contrario.
Después de haber conversado sobre el problema de
Pamela me di a la tarea de buscar herramientas que me ayudaran a determinar el
tipo de trastorno o problema que tenía. Esto me llevó a aplicarle ejercicios
sencillos para valorar si su problema era auditivo, visual o meramente
cognitivo, no me llevó mucho tiempo saber que Pamela tenía dificultad para la
escritura, específicamente cuando se le hacían dictados o cuando ella tenía que
redactar sin observar la manera correcta en que se escriben las palabras,
omitía letras, las cambiaba de posición en las sílabas trabadas y
confundía/cambiaba la b con la d y la q con la p. En cuanto a la lectura ella lo
hacía de manera regular pero se detenía mucho entre oraciones, a pesar de esto
había comprensión y cuando se trataba de copiar un texto lo hacía de manera
correcta aunque se demoraba mucho.
Con lo anterior concluí que su problema era un tanto
visual y quizá auditivo por lo tanto su trastorno entraba en la categoría de
dislexia evolutiva, porque en los primeros grados de la escuela no había registro
de que hubiera presentado tantos problemas, únicamente no hacía una segmentación
correcta de las oraciones, sus trazos eran muy curveados y leía de manera
entrecortada. Antes de determinar cómo trabajaría con ella pedí a su familia
que la llevaran a realizarse una valoración visual y auditiva; de ambas en la
que Pamela demostró que necesitaba apoyo fue en la cuestión óptica.
Una vez que Pamela tuvo su apoyo visual, para
febrero de 2016, establecí sesiones de trabajo individual con ella mismas que
concluyeron en noviembre de ese mismo año y se realizaban en horario extra
clase con apoyo del cuadernillo “Material de Apoyo para la Dislexia”, de la
Profra. Juana González García en colaboración con el programa “Auxiliar
Didáctico” de la Universidad Pedagógica Nacional y en el que se incluyen
ejercicios de los libros “PIENSO” del Programa Integral de Estimulación de la Inteligencia.
A la par de las sesiones particulares en el aula me
ocupaba de la autoestima de Pamela, pues al tener una gemela trabajamos para
disminuir el apego excesivo y aumentar
su participación en clase, su inclusión para mejorar el trabajo con el resto de
sus compañeros y con todo ello la confianza en sí misma.
Es importante destacar que las estrategias para
mejorar las actitudes y el desempeño de Pamela en el aula no eran
exclusivamente para ella, siempre he tratado de manejar una línea de trabajo en
la que se fomente el apoyo entre pares con las tutorías y las distintas maneras
de distribuir el espacio de los alumnos en el salón de clases. Además de que
mis intervenciones van de la mano con distintas estrategias para propiciar la
inclusión y el trabajo colaborativo.
Como
docente, tener bien claras las características del grupo, el contexto escolar,
aúlico, las necesidades y los intereses de los alumnos nos llevará a mejorar
nuestra tarea pues son el parte aguas del diseño y aplicación de los
instrumentos que nos acompañan todos los días en el salón de clases.
Debemos recordar siempre que la tarea de educar no
es una labor sencilla, menos cuando se tienen que enfrentar retos específicos
con algunos o con la mayoría de los alumnos, sin embargo, es realmente
satisfactorio ver los cambios positivos que éstos presentan luego de un proceso
largo y desgastante, no sólo para el docente sino también para los estudiantes.
Hoy en día no puedo decir que las necesidades de Pamela están 100% subsanadas,
pero sí hemos logrado grandes avances juntas y no sólo en lo que respecta a su
escritura sino también en el ámbito personal pues actualmente es una niña
participativa, alegre, que le gusta apoyar a sus compañeros cuando tienen
dificultad, de carácter fuerte y que ha demostrado ser creativa y capaz para realizar
las cosas por sí misma y en colaboración con otros.
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